martes, 4 de agosto de 2015

Post anti Snow

 ”No soy un profesional. Mis pinturas son realizadas por un cineasta, la escultura por un músico, las películas por un pintor, la música por un cineasta… a veces todo funciona junto […]”. Y otras veces no funciona nada, digo yo. Más que nada porque me ha caído más bien mal el multidisciplina-star Snow a partir de una visita a su exposición MICHAEL SNOW. SECUENCIAS.

En mitad de la visita guiada con la que recorrí la exposición, la guía en cuestión me advirtió que no estaba permitido hacer fotos al verme enfocar con mi móvil una de las obras de Snow. Me reconoció que la prohibición había sido impuesta por el mismo Snow. Ejem, me dije, qué borde el artista éste. Además, había sido reconocido mundialmente por una película, por llamarla de alguna manera, en la que nos deleita con un zoom continuo y lento hasta la exasperación de 45 minutos que filma, con cámara fija, el recorrido el estudio del artista. El emblemático film “Wavelength” (1967).


Una de las obras Snow que va adaptando a cada ciudad que le acoge esta exposición es la de una filmación con cámara fija de una calle cercana con todo el trajín de transeúntes que van pasando sin saberse filmadas y simultáneamente expuestas en una de las pantallas de la exposición. Como si proyectara imágenes robadas de una cámara de seguridad instalada en una calle cercana. Que conste que por el tamaño de la pantalla, se podía reconocer fácilmente a la gente filmada.

Le pregunté a la guía que nos hizo el recorrido entre pantallas, instalaciones sonoras y demás genialidades, por aquella “obra” en concreto. ¿Cómo había solucionado el tema de filmar y exponer imágenes del río de gente que transitaba por La Rambla sin permisos ni derechos de imagen ni nada que se le pareciera? La chica me explicó que al tratarse de una “obra artística” el artista en cuestión no se vio obligado a pedir permiso. Me habló de una especie de vacío legal similar al que se da en las filmaciones de cámaras de seguridad, que nos filman continuamente sin nuestro consentimiento.

O sea, que Mr. Snow no pide permiso para filmar a la gente que pasa por la calle y lo utiliza como obra y al mismo tiempo no permite hacer fotos de sus obras…  Un pelín contradictorio el tema, ¿no??? Especulé con la guía la posibilidad de demandar al artista por haberme filmado y expuesto mi imagen sin mi consentimiento, porque yo había pasado por el encuadre de aquella cámara, yo había sido expuesto en la exposición que estaba visitando. Se trataba de un experimento para ver cómo se hubiera defendido Mr. Snow en caso de que se hubiera tenido que defender. Un puro juego. Pura curiosidad. Y al mismo tiempo un desafío a un artista reconocido y mimado por el circuito. La guía me reconoció con una media sonrisa que era un tema controvertido y por similitud, me contó que las chicas que cuidaban las salas de la exposición se habían planteado demandar a Mr. Snow por otro motivo, en este caso sonoro. Se quejaban del excesivo volumen y ruido al que el artista les sometía en alguna de las instalaciones sonoras el recorrido… Una tortura sonora, hora tras hora, día tras día… Y la exposición duraba cerca de cinco meses… Nunca había pensado en las exposiciones desde el punto de vista de los taciturnos y misteriosos cuidadores de las salas de arte… Deben de soñar con las obras que cuidan durante el día, deben de pesadillar con ellas, deben de alucinar de verlas, mirarlas y oírlas tantas veces…

Total, que hubiera sido interesante haberme compinchado con las cuidadoras de arte para demandar a Mr. Snow pero finalmente me incliné por la vía fácil y más inmediata. Decidí vengarme de Michael Snow haciendo fotos prohibidas de su obras para publicarlas en este blog y cerrar así (o abrir) el círculo vicioso de las imágenes robadas. Son fotos de la instalación cinematográfica “Little Walk” (1964), que tiene su gracia y pertenece a la serie “Walking Woman”. Ha sido un placer Mr. Snow.