lunes, 9 de noviembre de 2009

Tiramisú


Hay mil historias ahí fuera, es el lema del festival de cortos Alcine donde me he escapado este fin de semana para presentar "Dirty Martini". Hay miles, como la del homeless que en el intermedio del espectáculo flamenco al que fui el viernes repetía a martillo Me da un cigarrillo señor?, me da un cigarrillo señor?, me da un cigarrillo señor?... hasta que se lo dabas y en el siguiente intermedio volvía a aparecer con su me da un cigarrillo señor?, me da un... le corto ya te he dado uno hace nada y él cambia de cinta y sigue a lo suyo tiene un euro?, tiene un euro?, tiene un euro?... O la historia del bar La Venencia donde nunca ponen música y en la esquina de la carta de sólo tapas y vinos finos dice No se aceptarán propinas. O la del seleccionador/rastreador de cortos del festival de Oberhausen que trató sin mucho éxito de aprender a columpiarse de noche en Alcalá a sus 50 y pico añitos. Cada uno a lo suyo.

Pero resulta que lo que más me retumba al final de la escapada a Madrid es el recuerdo del hotel La Dolce Vita en Chueca y Angélica Liddell en el escenario con su "La casa de la fuerza", en el Teatro Matadero. Hay que verlo, aunque dure cinco horas y media. En la obra cuenta el día en que desde Venecia envío un inocente pero desesperado mensaje por móvil al hombre al que amaba y al que había perdido y sufrido que decía Tiramisú en italiano quiere decir Levántame, y a partir de ahí todo fue rumbo a peor. Pero de lo peor. No voy a decir más, hay que ver a Liddel en carne viva y bien cruda. Tiramisú.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Como dos gotas

Fotograma del corto "Dirty Martini"

Es raro que alguien te tome por otra persona o te diga que hay alguien que se parece a ti, parecerse como dos gotas de agua digo, pero a veces pasa. Una vez alguien me tomó por un empleado de la Fnac, concretamente por el encargado de la zona de música clásica. Fui a buscarlo pero nada de nada. Otra día un policía salió de repente desde detrás de un árbol, en plan Inspector Clouseau, en plenas Ramblas de Barcelona y a plena luz del día, me para y me pide a quemarropa que me identifique. Resulta que me parecía demasiado a alguien que buscaban. Al final reconocieron su error y me desearon un buen día. Qué mosqueo, no???

Pues me acaba de volver a pasar hoy. Esta vez, más que físicamente, me han confundido con otro por el nombre al pagar religiosamente a la cajera del super. Ésta, al leer mi nombre en la tarjeta de crédito me ha preguntado como ilusionada que si yo era el futbolista Iván Campo, que resulta vive en mi mismo barrio. Yo que pensaba que le sonaba mi nombre como director de cine burlesco, va y me toma por un futbolista sin club… Quizás tendría que hacer un corto con todos aquellos a los que han confundido conmigo, sea física o nominalmente… Alan Berliner ya hizo algo parecido en su “The sweetest sound” (2001).

De momento, mi último corto Dirty Martini (no confundir ni con Dry Martini ni con Dirty Maritrini) comienza su carrera por festivales. En noviembre tocan Alcine, Amiens y Zinebi. Empieza el baile para Miss Dirty Martini.